Thursday, September 29, 2005

Adiós General - Azkintuwe Noticias

Azkintuwe Noticias / Jueves 12 de mayo de 2005Aprueban solicitud mapuche en El HuecúUna histórica determinación tomó la Comisión Municipal de la localidad de El Huecú, en orden a cambiar el nombre de su avenida principal para reivindicar la memoria de un antiguo lonko mapuche del sector. La norma fue aprobada el pasado miércoles por mayoría, luego de un extenso debate al cual asistieron autoridades y pobladores. La determinación adquiere ribetes históricos y sienta un valioso precedente para diversos municipios en Puelmapu, más aun tomando en cuenta el actual nombre de la avenida en cuestión: Julio Argentino Roca (Foto Azkintuwe).PUELMAPU / La Comisión Municipal de El Huecú aprobó por mayoría una propuesta del lonko de la comunidad mapuche Mañke para cambiar el nombre de la avenida principal de esta localidad y que reividicaba la memoria del general argentino Roca, principal impulsor del genocidio al Pueblo Mapuche en Puelmapu.En un acto calificado como «una reivindicación histórica», la calle Julio Argentino Roca pasará a llamarse de ahora en más «Lonko José Mañke Cayucal», en honor a quien fuera la primera autoridad política de la mencionada comunidad, años más tarde de la denominada "Conquista del Desierto", nombre dado por la historiografía oficial a la masacre y el robo de tierras mapuche.«Desde la fundación de El Huecú, algún funcionario del Territorio Nacional se encargó de ponerle el nombre de Julio A. Roca a la calle principal del pueblo», explicó el intendente Rodolfo Canini, para quien esa acción reafirmaba «la historia contada por los vencedores».En contraposición, la ordenanza aprobada la semana pasada incluyó en los considerandos que se trata de «una reivindicación histórica, basada en la justicia y la verdad» pues «las comunidades mapuches sufrieron el despojo de las tierras en las que hoy se encuentra instalado el pueblo de El Huecú».InterculturalidadEl municipio de esta localidad es el primero que en la provincia -y se estima que en el país- incorporó a los representantes de las comunidades originarias en su órgano de gobierno. Las autoridades mapuches que participan en el cuerpo legislativo comunal con voz y voto en los temas que involucran a su pueblo, son representantes de las comunidades mapuches Mañke y Maripil.Esto fue aprobado por ordenanza 227/04 el pasado 2 de agosto de 2004, después de debatir la idea con organizaciones e instituciones locales. En ella se establece que además de los miembros electos, la comisión municipal estará integrada por un representante de cada una de estas comunidades mapuches, los que serán elegidos y removibles de conformidad con las normas internas de sus comunidades.Respecto del retiro del nombre del polémico general Roca, Canini es categórico. «El cambio de nombre de la avenida además obedece a la revisión que los pueblos deben hacer de su historia; historia generalmente escrita por los vencedores, vencedores que también habitualmente no defendieron los intereses de la Patria. Los pueblos que no revisan su historia son presas de un destino opresor», concluyó.Cabe destacar que en diversas ciudades y provincias del sur Argentino, organizaciones mapuche, pro-derechos humanos e intelectuales, se encuentran exigiendo el retiro de estatuas y otros símbolos que rememoran el genocidio mapuche. Tal es el caso de la estatua del General Roca emplazada en pleno centro de Buenos Aires y su similar del centro cívico de Bariloche, cuyo retiro exigen, entre otros, el escritor e historiador Osvaldo Bayer.

Nuestra América: cinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano. Eduardo Galeano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe.En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó.Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado.Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible.América, ciega de racismo, no las ve.El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

El mapa genético de Argentina: estudio de expertos de la UBA - Silvina Heguy

Silvina Heguysheguy@clarin.comEl 56% de los argentinos tiene antepasados indígenasLo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro.Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras.A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho.El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones.Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo.En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. "De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo", dice Corach.Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%).La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo.La sorpresa para Corach se explica así: "Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo".El científico sostiene que "la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal", explica. "Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo".El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso "de dónde venimos" de la humanidad.En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la "Eva mitocondrial", una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y.Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo?

¿Blancos y europeos? -Mempo Giardinelli

Abril - Mayo de 2005 La revancha de los de abajo Argentina morena "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", señaló Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet. La investigación fue categórica. De la población actual, solo el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto -la mayoría- tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. Un resultado digno de festejar, según Giardinelli (Foto Sebastián Hacher). Leer Además:Por Mempo GIARDINELLI / Periódico AzkintuweY resultó nomás que después de 190 años de vida dizque independiente, no logramos ser europeos. Más allá de los esfuerzos de Sarmiento, Avellaneda y otros próceres, y de los crímenes de Roca y sus centuriones, no se pudo hacer de la Argentina un país blanco y europeo. Parece mentira, pero de nada sirvieron los inmigrantes italianos y judíos, los ingleses y alemanes, los gallegos rubios, los vascos y los catalanes. Somos una nación indiana y morena, nomás, mal que les pese a los aristócratas de pacotilla que aún quedan en Buenos Aires (y que en estos días han de estar veraneando en Punta del Este con sus cabezas vacías y sus flaquitas teñidas de amarillo).Nuestro irrefutable indiaje surge del estupendo mapa genético de la población argentina que acaba de dar a conocer la UBA: un estudio que demandó 12 años de trabajo y que arrojó resultados inesperados: el 56 por ciento de los argentinos tiene genes (o sea antepasados) indígenas (son mestizos el 46 por ciento y el 10 por ciento indígenas puros) mientras que sólo el 44 por ciento de la población es europea y de otras etnias sin mixturas con las naturales.Esto demuestra que la sociedad argentina tiene mucha más sangre indígena que lo que se ha pensado hasta ahora. Incluso los que portamos apellidos abruzzeses como quien firma, del otro lado estamos morenizados por pampas y tehuelches que supieron mezclarse (o fueron atropellados, quién sabe) por vascos y gallegos con olor a bosta o judíos urbanos hediondos a sudor y cebolla. Casi no hay argentino que se salve (el ominoso verbo está escogido aquí con absoluta mala leche), que se salve, repito y no sin ironía, de la "mancha" indígena, aborigen, de pueblos originarios o como quiera que corresponda decirlo de modo que parezca políticamente correcto. Lo cierto es que el estudio de nuestra principal universidad demuestra que tenemos más América que Europa en nuestra sangre, y tanta Africa también, que no está de más recordar que en estas tierras y en el siglo XIX había aquí más negros que blancos y en algo habrán contribuido ellos con su fama de poderosos sementales. El racismo argentino, el proverbial y siempre paqueto racismo argentino ha de estar sufriendo un golpe durísimo, una patada en el peroné arterial, digamos, y esta página quiere celebrar tal acontecimiento.Hace una década, en su libro El País de las Maravillas, este autor sostenía: "La inmigración masiva nunca es de 'calidad seleccionada', como pretenden los racistas. Las migraciones son de seres humanos, simplemente, y en la única naturaleza humana que hay existe de todo".Nuestros gobernantes de la segunda mitad del XIX, los ministros de Guerra Adolfo Alsina primero, y Julio A. Roca después, se encargaron de las campañas para la Conquista del Desierto contra "el salvaje", como se llamaba a los naturales. "Es necesario ir directamente a buscar al indio a su guarida, para someterlo o expulsarlo", dijo Roca en 1879. Por eso es injusto que sea Sarmiento el que siempre paga el pato de las acusaciones de racismo. Y es que si bien él, furioso por la indolencia local y desbordado por su propio apasionamiento, se manifestó peyorativamente contra indios, analfabetos e incluso inmigrantes, de todos modos fue quien sancionó la Ley 1420 que garantizó la educación común, igualitaria, obligatoria, laica y gratuita y fue el motor que más y mejor contribuyó a la integración de millones de extranjeros durante todo un siglo. En cambio su sucesor, el joven abogado Nicolás Avellaneda, sancionó en 1876 la Ley de Inmigración y Colonización que lleva el número 817 y que se aplicó de modo irregular y cuestionable porque las tierras eran manejadas por sociedades e individuos movidos por el puro afán de especular.El Gobierno, ya entonces, desoía los reclamos, y se toleraron todas las injusticias. Fue Avellaneda quien inició la lucha del Estado contra los indios, y la Conquista del Desierto, originalmente destinada a fundar pueblos, asentar colonos y desarrollar la agricultura y la ganadería, veinte años después había exterminado prácticamente a los indios, inventando en su lugar no pocas fortunas y familias terratenientes. Ahora que la tragedia del boliche Cromañón conmovió a ese país solidario y resentido que es la Argentina de los más pobres, resulta oportuno conocer estos datos de nuestra verdadera composición y pertenencia étnica. Aunque sea para advertir una vez más que las tragedias -en este país de corruptos e impunes- siguen siendo las que afectan sobre todo a pobres y morochos. La otra Argentina nunca deja de festejar con cuetes, champán y rubias falsas. Y de ofender a la razón y el buen sentido. Por eso alegra que se enteren, por lo menos, de que sus orígenes son los mismos que los de los pardos y morenos a los que desprecian, explotan y condenan / Azkintuwe

¿Exterminio o Elaboración Identitaria? Martha Bechis

Dra. Martha BechisNo sé si hubo un genocidio si por genocidio entendemos “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por razones de raza, religión o política.” Sí creo que hubo un etnocidio como resultado final de la sistemática y continuada ocupación armada desde 1875 a 1885 de los territorios donde vivía el indio soberano. Es verdad que en el pensamiento de mediados del siglo XIX, la “cultura” estaba atada a la “raza” por lo que la “cultura superior” pertenecía a la “raza superior”, pero había algunas pocas voces que decían que la superación de la condición racial podía producirse por la educación.Esa ocupación definitiva de todo el territorio “hasta el Estrecho de Magallanes” reclamado como propio por Españoles y patriotas, encontró la resistencia aborigen expresada en muchas formas, resistencia que empezó en el continente desde su descubrimiento por la ocupación, a finales del siglo XV, por parte de las potencias europeas.Esta resistencia secular es muchas veces negada, y puede ponerse como hipótesis de una investigación que una proclama de exterminio o eliminación por parte de los actores de aquellos tiempos o se entendió mal - es decir que se entendió en sentido de eliminación física de un grupo - o sirvió, jugando seriamente con los distintos sentidos de las mismas palabras, para una elaboración identitaria exitosa.Sabemos que un conflicto étnico es un enfrentamiento entre unidades sociales que va creando, aumentando y, eventualmente disminuyendo barreras sociales. El conflicto siempre se construye por oposiciones estructurales, es decir por intereses como el acceso a la tierra, a las riquezas, al poder, a la educación etc.etc. Las diferencias culturales no producen necesariamente conflictos étnicos pero se puede aducir que son esas diferencias las que provocan el conflicto ya que, la mayoría de ellas, se van construyendo por autoreferencia y por adscripción desde el otro en conflicto.Los significados o las direcciones hacia donde estaba dirigida la aclamación de eliminación o exterminio en un medio sociopolítico de organización de un estado nación decimonónico americano pueden ser varios al mimo tiempo. Esa declaración pudo haber estado dirigida en tres direcciones:--hacia el indio vencido para que sienta bochorno, vergüenza por la derrota y entienda que su forma de vida terminó. El guerrero indio fracasó, resultó incapaz de defender a su tierra y a su gente, etc etc.--hacia “nosotros los héroes que hicimos lo que desde la colonia quiso hacerse y no se hizo”¡ Trescientos cincuenta años nos contemplan!!!-- hacia otros países que por una u otra razón o habían despreciado a estos nuevos paisitos latinoamericanos aun no organizados y llenos de indígenas, o habían logrado o intentado apoderarse de una parte territorial de algunos de ellos . La cultura que inventó al “ciudadano” fué declarada la única civilización real y adquirió el carácter ecuménico de la religión cristiana.La elaboración identitaria – expresión que le debo a Mónica Quijano- pudo expresarse: “Ya somos un país civilizado y, por lo tanto, blanco y europeo”.¿Fué esa elaboración de una identidad una ocurrencia de la llamada generación del 80? Creo que no, y si creo que no, entonces, tengo que explicarme:Antes de aceptar la invitación de participar en este foro pensaba que hablar de genocidio era una forma de faltarle el respeto a aquellos indígenas que con lanzas y algunas armas de fuego mal manejadas y peor mantenidas, enfrentaron a los dos noveles ejércitos modernos de Chile y Argentina. Para los indígenas era una guerra y se presentaron ante ella como mejor les pareció a cada uno de los segmentos soberanos en los organizaron su sistema político: algunos trataron de retirarse a donde creían que ese ejército no podía llegar, salvar sus vidas de un desastre era y es una decisión digna. Entregarse a un enemigo mucho más poderoso también. Enfrentar a ese enemigo con lo que tenían, también. Morir o vivir de cualquier manera, siempre es una elección digna en cualquier guerra.Pero...¿Fué una guerra? Creo que sí aunque las categorías legales nieguen la categoría de “guerra” para un conflicto armado entre un estado y una sociedad sin estado. Para el guerrero indio era una guerra y para el criollo también ya que mucho le costó capacitar al ejército para por fin tener éxito en los intentos seculares de ocupar esas tierras por completo y para siempre.Al leer el trabajo de Quijano Mauriño encontré que aquella falta de respeto al vencido podía haber sido parte de la estrategia más completa: la de demostrar una nueva identidad heroica y exitosa que necesariamente exigía la invisivilización del indio ¿Es que había alguna necesidad histórica de construir una identidad triunfante? Creo que sí.Recordé un párrafo del libro de Historia Argentina de José Luis Romero en el que cita a Rui Díaz de Guzmán quien en el prólogo de su obra dice: “...tomando la pluma para escribir estos anales del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata, donde en diversas armadas pasaron más de cuatro mil españoles, y entre ellos muchos nobles y personas de buena calidad, todos los cuales acabaron sus vidas en aquellas tierras, con las mayores miserias, hambres y guerras, de cuantas se han padecido en las Indias...”Enseguida recordé que Mariano Moreno con su fogosidad característica citaba al Virrey del Perú, Abascal diciendo ya antes de la revolución de 1810, que todo lo que nacía en América se degeneraba por el mero hecho de nacer allí. El hombre criollo, el nacido en América -decía Abascal- estaba destinado por la naturaleza a vegetar.Y ésto tendría que haberse sentido más en el Río de La Plata que casi en cualquier otro lugar del imperio español por su raíz criolla y por la inferioridad que sentía por “tener que trabajar la tierra con nuestras propias manos” por falta de indios- que se fugaban cuando les apetecía- como se quejaba alguien de Buenos Aires al rey español por allá, por del siglo XVII.Pero, el triunfo sobre las invasiones inglesas los llenó de orgullo, un orgullo trabajado y arriesgado porque no aceptaron desde ningún punto de vista el ofrecimiento de los caciques pampeanos de atacar a los ingleses en el lugar del desembarco. La heroína tenía que ser la ciudad, la civilización.Enseguida pensaron que podían ser autónomos, declararon nula la “virreynatura”, querían ser un país que aceptaba desde adentro formar parte del imperio español....tal vez hasta que se diera una mejor oportunidad.Pero este orgullo tenía muchas trabas que superar. En primer lugar la sociabilidad organizada de una población unida por tres largos caminos- a Chile, al Alto Perú y al Paraguay-, cada uno de ellos muy aislado del otro hilando ciudades y poblaciones que muy poco tenían que ver una otras salvo en el caso de un ataque desde el exterior. Se parecía mucho a la organización segmental de las poblaciones indígenas que quedaron soberanas cuando el criollo se desentendió de España. Esa España desde lejos los unía.Alrededor de 1815, Posadas le exigía a Güemes no hablar de “gauchos” sino de campesinos. ¡ Hasta el gaucho comenzó a sobrar!En 1824 le costó a Canning convencer al rey de Inglaterra que debía reconocer la existencia de esos nuevos países soberanos. Al rey les daban asco.La madurez de pensar una nación viable fué tomando cuerpo con muchas dificultades y, lo que más me interesa en este trabajo es mostrar las guías conceptuales que fueron tomando cuerpo mucho antes de la década de 1870. Las ideas del naturalismo o ecologismo ambiental de Abascal cedieron su lugar a un naturalismo genético no sólo determinante de la naturaleza humana sino de la historia.Como me decía hace menos de dos semanas el profesor Alvaro Kaempfer, chileno en la Universidad de Richtmond , parece que los hombres de los 40 – de 1840- pensaron que en el ADN, en los genes de la Historia estaba escrita la desaparición del indio. A propósito de ésto el profesor Kaempfer me pasó un dado que yo ignoraba: En 1844, en Chile se reunieron Bello, Lastarría y Sarmiento para hablar de la necesidad de la eliminación del indio con el fin de superar un obstáculo a la modernidad de sus respectivos países.Andrés Bello pensaba que la extinción del indio era inevitable.Lastarría decía que el indio no se deja controlar, no tenía noción de esta patria en donde vivía. En cambio sí la tenía el mestizo y, agregaba que ésto lo reconocían incluso los indios quienes, por ejemplo, ya en 1570, en Chile, una parcialidad eligió a un mestizo como cacique.Sarmiento insistía en que el indio no podía participar en la historia americana por lo cual se justifica su desaparición.¿Estaban estos hombres pensando en un genocidio inevitable?Dejo la respuesta en el aire. ¿Estaban planeando una biopolítica- como inventó Alvaro- llevada a cabo por los hombres? ¿O serían la naturaleza y la historia las encargadas de ese destino?Ya en 1852, Alberdi dijo “ el indio no figura ni compone mundo en nuestra sociedad política y civil” ¿Por qué? Porque, como escribió una vez el mismo Alberdi, “al indio se le puede enseñar matemáticas pero no a labrar la tierra”, sus hábitos ya tan delineados se lo impiden. ¿Hábitos o raza?Recordemos también la ayuda del señor Gobineau, un europeo francés quien para esa época, 1854, escribió un “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” en el que construía una pirámide de las razas: la blanca en el cúspide, las otras abajo de ella.Pero también tenemos que recordar a Bluntschli un europeo suizo alemán quien, el la década de 1850, edita un libro llamado: La Teoría del Estado. En ese libro retoma la tesis de Vettel de finales del siglo XVIII por la cual cualquier país tiene derecho a posesionarse de tierras que no estén trabajadas en forma productiva. Esta “forma productiva” era la que habian inventado los blancos o mejor dicho, los no indios, los no negros.Esto alarmó a los incipientes estados americanos. El libro se tradujo después de sólo dos años al castellano, creo que en Méjico, y luego recién al inglés.De manera que tanto a la naturaleza como a la historia inevitables se les sumó esa decisión de los países más civilizados, a los que querían pertenecer nuestros padres de la patria.Ya había sucedido algo hacía mucho tiempo: en 1815, los países europeos decidieron que los ríos que recorren muchos países, los no internos, tenían que ser abiertos al movimiento internacional. Nuestros ríos mesopotámicos incluyendo el Río de la Plata formaban una hermosa y deseada red. El pueblo rioplatense sufrió esta decisión.Francia, en 1860, quiso adueñarse de la Araucanía y la Patagonia por medio de una empresa que se decía privada: la de Antuan Orlie I. El reino de la Araucanía y la Patagonia aun es un reino reconocido internacionalmente.Pero hay algo más que pudo haber ayudado a proclamar una exterminio del indio en el marco de esa elaboración identitaria exitosa de los hombres de acción de la década del noventa. Veamos:Por un lado Roca criticaba ácidamente “la zanja de Alsina” la que, sin embargo supo usar muy bien para lanzar su campaña ofensiva. Sus enemigos políticos no sólo tenían una idea muy parroquial, porteñista-bonaerense, de la construcción de un estado-nacional sino también una visión que podríamos llamar “derrotista” o “anticuaria” o “no histórica” de la capacidad que en ese momento mostraba la sociedad indígena ya muy castigada por las campañas del mismo Alsina.Esta versión derrotista del poder indígena se mostró sintéticamente en el discurso que Mitre emitió en ocasión del funeral de Alsina en diciembre de 1877. Mitre dijo- según lo relata Liborio Justo- “ Le ha tocado a él (Alsina) la gloria de dirigir las últimas grandes operaciones de la campaña de la civilización contra la barbarie y el desierto que hace trescientos años que se abrió y que dura todavía. Dentro de trescientos años más habrá terminado”.Los hombres del ochenta, apoyados por el Presidente Avellaneda y por su trabajo de años en el “laboratorio de Río Cuarto”, redujeron esos años a diez y seis meses. El 16 de abril de 1789 Roca llegó al Río Negro dejando las ricas pampas ocupadas definitivamente. ¿Cómo podía expresarse este éxito con el fin de herir a sus enemigos políticos sin decirlo explícitamente?Lo mejor era hacerlo indirecta e irónicamente....y allí estaba el indio vencido en nombre de la civilización, superada la historia “genetizada”, Gobineau confirmado y los poderes del ejército de USA avergonzados.¡¡La conquista definitiva de las pampas fué “un paseo”, los indios han sido “exterminados”, “nosotros lo hicimos”!!! Indudablemente el mensaje era sintéticamente expresivo, la nueva identidad exitosamente concretada.Las “razones” de los criollos y “ las razones” de los indígenas son las que hay que entender, en aquel medio, con aquellos instrumentos conceptuales y expresivos de toda índole. No con las decisiones de las Naciones Unidas de hoy producto de otras razones conceptuales afortunadamente menos esencialistas pero, desgraciadamente, mucho menos potentes como para imponerse en el imaginario de los “hombres de acción”.Dra. Martha BechisMayo de 2005

No somos Roca - Diana Braceras

Lic. Diana BracerasPsicoanalista. Asesora del Bloque 19 y 20 de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2005Un nuevo eslabón de la muy actual "Campaña del Desierto", nos trae el diario de los Mitre, el jueves 27 de enero de 2005: "Iconografías argentinas: Roca 1843-1914".El libro es patrocinado por la Academia Nacional de la Historia. Las elogiosas reflexiones de la Directora del Museo Roca y de los colaboradores de esa edición, entre otros Félix Luna, Miguel Ángel de Marco, Rosendo Fraga, etc... sintonizan con el discurso "civilizatorio" que justifica la masacre de los pueblos originarios, en el altar del modernismo; aún con sus matices respecto de posturas decididamente cínicas, como la del personaje que, pese a las reiteradas denuncias de distintos sectores sociales y académicos, sigue siendo el director del Museo Histórico Nacional.Juan José Cresto, de quien estamos hablando, activo militante de la causa roquista, preside también la Academia Argentina de la Historia y es autor de la extensa nota publicada en el mencionado diario: "Roca y el mito del genocidio" (26-11-04), nos promueve la interrogación a cerca de este brote mitológico reinvidicativo, de los historiadores oficiales.Otro artículo que el mismo funcionario publicara en el diario de los Noble en el Día de la Raza, en página central, celebra el advenimiento de la civilización europea, conquistadora de la barbarie nativa americana (1).En esta retrospectiva, podemos incluir también, la anónima nota editorial del 13 de junio de 2004, de La Nación: "Respetemos nuestra historia", denunciando la "furia iconoclasta" de los autores de inscripciones realizadas sobre el monumento al Gral. Roca y recusando a quienes "motivados por opiniones banderizas que intentan dirimir cuestiones del presente en el indefenso terreno del ayer, califican de genocidio la conquista de la Patagonia" (2).Fundadas en el cumplimiento, el 12 de octubre (emblemáticamente), del centenario de la finalización del segundo mandato en el ejercicio de la Presidencia de la Nación argentina de este "Zorro del Desierto" vernáculo, los motivos de las notas y homenajes son variados, las argumentaciones no: La renegación de la existencia de pueblos originarios en el continente, que era "nuevo" sólo para los conquistadores, la relativización del genocidio y la justificación de la apropiación de sus tierras.A juzgar por la ausencia de la publicación de réplicas contra esta notable ofensiva (considerando la ambigüedad de la palabra), de lo que podríamos denominar "el mito oficial", pareciera que también la actual sociedad argentina es pulverizada a nivel de "desierto", ya que no hay cabida en los medios de difusión para las voces que en malón se alzaron, armadas de consistente documentación histórica de refutación (3).Entre tanta letra reivindicadora de la matanza del aborigen y de la apropiación de sus tierras, encontramos, sin embargo un punto de coincidencia con el citado funcionario de la Administración Pública Nacional desde épocas dictatoriales, Juan José Cresto, también creemos que a noventa años del fallecimiento de Roca "El país no lo ha recordado suficientemente".Aunemos entonces nuestros esfuerzos para instalar suficientemente el tema del genocidio sobre el que se fundó nuestro Estado-Nación, desmantelando el antagonismo encubierto en abstracciones ideológicas de la "modernidad" e identifiquemos, sin equívocos a quienes detentaron el poder de imponer los intereses de su clase a sangre y fuego. Del tamaño inconmensurable del crimen, no se deben deducir la indefinición de sus objetivos ni la ignorancia acerca de la identidad sus ejecutores.No coincidimos en cambio con la idea del centenario de su "alejamiento del poder". Resulta evidente que el poder, que en su momento histórico encarnó Roca, el poder de exterminio étnico requerido por el modelo capitalista, que se instaló a expensas de estos socios instalados en los cargos gubernamentales de decisión, está más cerca y presente que nunca, con la obscenidad descarnada del siglo XXI. Ningún centenario, nada que festejar. Roca vive.Ya que hasta la Bioquímica, una ciencia que admite al parecer menos especulaciones que la Historia, admite que la mayoría de los argentinos tenemos antepasados indígenas (4), los dichos sobre nuestra familia consanguínea, no los debemos tomar a la ligera. El trabajo colectivo contra la cultura del olvido y la indulgencia del tiempo, nos exige exhibir la impiedad de algunas verdades y la potencia del pensamiento crítico. El pasado está presente todo el tiempo, hipotecando nuestro futuro.El semblante pétreo de la hipocresía puede hacer silencio al genocidio. Nosotros no.-----------------------1 Referencia: Carta abierta a la ciudadanía y al señor Presidente de la República Dr. Néstor Carlos Kirchner sobre la situación del Director del Museo Histórico Nacional, Dr. Juan José Cresto. Firmada por Trabajadores de la Secretaría de Cultura de la Nación. Fechada en octubre 2004.2 Referencia: Carta al Director del diario "La Nación" de la Lic. en Historia Florencia Roulet (radicada en Suiza) y un nutrido grupo de historiadores y antropólogos de distintas universidades del país y del exterior, que adhieren al reclamo de publicación de las respuestas en discenso respecto de la nota del Juan José Cresto "Roca y el mito del genocidio". Fechada el 20 de diciembre de 2004.3 Ver en el recuadro, el original de la Carta de lectores que jamás fue publicada por los Diarios La Nación y Clarín, cuyo autor, el Dr. Pedro Navarro Floria, Doctor en Historia, Investigador del CONICET, es el Director del Centro de Estudios Patagónicos, de la Universidad Nacional del Comahue.4 Heguy, Silvina, "El 56% de los argentinos tiene antepasados indígenas". El mapa genético de Argentina: Estudio de expertos de la UBA. Nota del diario Clarín, 16/ 01/05: ..." De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras."

Una Respuesta - Pedro Navarro Floria

Pedro Navarro FloriaDoctor en Historia Investigador del CONICET Director del Centro de Estudios Patagónicos, Universidad Nacional del ComahueCarta de lectores a Ud. Opina Diario La NaciónTexto de la consultaSr. Director, Tengo el agrado de dirigirme a Ud. motivado por la lectura del artículo del Sr. Juan José Cresto sobre "Roca y el mito del genocidio" publicado el pasado martes 23. Me siento directamente aludido por él en cuanto he aplicado, en publicaciones académicas, ponencias y conferencias, el concepto de "genocidio" para caracterizar el proceso derivado de la conquista de la Pampa y la Patagonia por el Estado argentino entre 1875 y 1885. Me tomo el atrevimiento de pedirle al Sr. Cresto, en primer lugar, que no descalifique tan contundentemente ni juzgue las intenciones de los historiadores que, a partir de un cuidadoso estudio de la documentación escrita, oral y fotográfica disponible, del análisis de los procesos históricos implicados y de la discusión de nuestros avances de investigación en los más calificados ámbitos académicos nacionales e internacionales, hayamos arribado a conclusiones o a visiones de la historia diferentes de la suya. Podría señalar serias inexactitudes en su descripción de los hechos. Por ejemplo, no es cierto que la pampa estuviera completamente desierta: desde los querandíes que obligaron a despoblar la primera Buenos Aires hasta los ranqueles que visitó Lucio V. Mansilla, los "pampas" tapalqueneros o azuleros que trabajaban la tierra e intercambiaban activamente en los mercados de campaña del siglo XIX o los innumerables indígenas representados por la pintura, la literatura y la prensa de la época en las mismas plazas y calles de Buenos Aires, eran habitantes de esa Pampa. Este simple ejemplo es ilustrativo de lo que significan los mitos en la historia: representaciones sociales formuladas por actores identificables y consistentes con sus intereses o su visión del mundo, que se constituyen en estereotipos acerca de una determinada realidad y se repiten acríticamente durante generaciones. En torno de la conquista de la Pampa y la Patagonia hay mucha mitología: uno de los mitos corrientes es el del "desierto"; otro es el del indígena "salvaje"; otro es el de la guerra fronteriza, que Cresto también glosa. El general Roca, precisamente, fue uno de los más hábiles constructores de mitos sobre el tema -no en vano le decían "el Zorro"- con el propósito de legitimar sus decisiones políticas. Una de las más notables representaciones generadas por Roca, desmentida hace ya años por historiadores de renombre, es la de la "estrategia defensiva" de Alsina, cuando es evidente que ambos, como bien señala Cresto, respondieron al programa de un mismo gobierno sin solución de continuidad. La cuestión es que, en la época, muchos aceptaron la necesidad de la conquista y sus consecuencias. Pero otros muchos se escandalizaron -los testimonios documentales abundan- con la crueldad de la guerra fronteriza, con las matanzas de prisioneros, los traslados forzados y el desmembramiento de comunidades -como los tehuelches del Chubut y de Santa Cruz, por ejemplo- absolutamente pacíficas y aliadas al Estado argentino, el reparto de familias y la reducción a la servidumbre de personas a las que no se reconocía el status de ciudadanos. Si a fines del siglo XIX no había una palabra que definiera eficazmente esa barbarie, la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio adoptada por la ONU en 1948, hoy incorporada a nuestra Constitución Nacional, sí nos la brinda: la destrucción total o parcial de un grupo étnico mediante la muerte, la lesión grave a la integridad física y mental, el traslado forzado de niños fuera de sus familias, etc., se llama genocidio. En esta caracterización de un proceso histórico y social no hay ni ignorancia ni ocultas reivindicaciones territoriales. Sí hay la intención de conocer más y mejor el pasado y el presente, de reconocer las cicatrices aún visibles de tanta violencia en la piel de nuestra querida nación mestiza, y de construir un futuro común sobre los valores de la vida y no sobre la muerte del otro.Pedro Navarro Floria Doctor en Historia Investigador del CONICET Director del Centro de Estudios Patagónicos, Universidad Nacional del Comahue DNI 16.385.526 Ameghino 1170, Q8300JQX Neuquén Tel. 0299 4422175 Correo electrónico: cep@uncoma.edu.ar

La Historia de Nosotros. Del privilegio de diseñar a los otros. Los conflictos interétnicos en los discursos escolares. Teresa Laura Artieda

Buenos Aires, 8 de julio de 2005Profesora Titular de Historia de la Educación Argentina. Facultad de Humanidades. UNNE. Resistencia, Chaco.Estudio las transformaciones de los discursos escolares sobre los indígenas en un período bastante amplio que abarca finales del siglo XIX a finales del siglo XX. La demanda que nos hicieron para este encuentro fue la de explicar cómo se trata el genocidio en los discursos escolares. Esta pregunta me convocó a introducir miradas que no estaban sistemáticamente incorporadas. Compartiré con ustedes algunas de esas miradas, y algunas evidencias. No pretendo alcanzar una respuesta completa, exhaustiva, y es mi intención además avanzar en otros asuntos que acerquen un panorama más amplio de la cuestión.Con discursos escolares aludimos especialmente a una de las formas posibles, la de los libros de lectura de la escuela primaria. Para el primero de los períodos históricos al que haré referencia (1880-1916), utilizaré también otros tipos de discurso. Haré un somero recorrido por distintos momentos, con un relativo énfasis en dos períodos que entiendo cruciales, 1880-1916 y 1980-2000.Asociar la fundación del Estado argentino con el genocidio nos remite a la metáfora biologicista que postula la inevitabilidad del triunfo de las razas superiores sobre las inferiores. Podemos remitirnos a Michel Foucault y su libro Genealogía del Racismo, o a Daniel Feiersten (1999) quien lo retoma para argumentar acerca del genocidio fundante de nuestro Estado.Si nos apoyamos en las evidencias de que disponemos (y de la producción previa de tantos otros autores), debemos sostener que los discursos escolares iniciales, y en buena medida los que se desenvolvieron a partir de ellos, acompañaron, contribuyeron, naturalizaron, dicho genocidio constituyente. Y al naturalizarlo, hicieron invisible esta dimensión de poder que estuvo en el origen de las relaciones entre Estado argentino en constitución y pueblos indígenas que habitaban el territorio. Pero es importante también decir que tuvieron otras contribuciones, que naturalizaron otros ‘lugares’ y ‘usos’ de los indígenas. Los indígenas (los diseños escolares que se inventaron sobre ellos) fueron el pretexto para escribir un texto mejorado del nosotros nacional.La producción de discursos escolares sobre los indígenas en Argentina se vincula históricamente con dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales. Queremos decir que no son producción autónoma, ingenua, neutra. Y que limitarse al análisis de los estereotipos que transmitieron, o del simple maniqueísmo, desdibuja su profunda incidencia (dado su alcance en relación con un público ‘cautivo’ que iría en aumento: la población ‘blanca’ escolarizada) en la configuración de relaciones sociales, y particularmente interétnicas, desiguales, descalificadoras, discriminatorias. Y también su profunda incidencia en la configuración de nuestra propia identidad como ‘colectivo nacional’ no indígena, contrapuesto a ‘lo indígena’. Asimismo oculta el hecho de que constituyen uno de los espacios discursivos donde se dirimen los conflictos interétnicos, donde se disputan los sentidos sobre lo social.La emergencia y consolidación inicial de tales discursos (en el período 1880-1916 que es simultáneamente el de la fundación de la escuela pública) se articula con la conformación del Estado nacional, los procesos identitarios que acompañaron esa conformación y los procesos militares, políticos, económicos y sociales de ocupación del espacio en los territorios del norte y del sur.Su producción, digámoslo más claramente, ocurre al calor de la línea de fortines y las guerras de fronteras, de sus ecos muy recientes, de sus protagonistas aún vivos o casi, del establecimiento y funcionamiento de las reducciones estatales o religiosas donde los indígenas ‘aprendían’ a ser trabajadores de las explotaciones económicas (ingenios, obrajes), y eran evangelizados. Al calor de las políticas que buscaron su extinción o, si era posible y conveniente, su pacificación y proletarización. Pensar ‘el problema indio’ dentro del sistema de educación pública en constitución, proyectar ‘soluciones’, escribir sobre ello en informes de inspección u otros, escribir o seleccionar narraciones, descripciones, poesías, crónicas, que serían incorporadas a libros de lectura escolar, son actividades políticas y de formación de subjetividades, que están ocurriendo en ese mismo tiempo. Y como quienes ejecutan tales acciones son parte de la ‘sociedad nacional dominante’, harán de tales discursos estrategias de manipulación de identidades, y ubicarán al indígena en el lugar del ‘otro’ contrapuesto, del otro ‘fuente de todo mal’ (Duschatzky y Skliar, 2001). Y una fuente de esa índole se convierte, o se elimina. Ese es el diseño del ‘otro’ que hay que dibujar, argumentar, construir, y a ello se dedicarán notoriamente.Una breve acotación. Disponemos de poco tiempo y presentamos tendencias, lo que reduce la posibilidad de mostrar posturas divergentes. De todos modos la tendencia que dibujamos será hegemónica aún en sectores que, en el tiempo fundacional, estarán disputando aperturas más democratizadoras en otros aspectos del campo educativo.Citamos al comienzo a Feierstein y la metáfora biologicista que sustentaría el genocidio fundante. Una lectura escolar de principios de siglo le dice a los maestros, los escolares, y las familias que la leyeran:“(...) El hombre americano, que es hasta hoy un documento vivo de su barbarie congénita, (...); no podía ser factor de una cantidad de mayor valor in­telectual y moral.Con estas materias primas y estos pobres instrumentos de trabajo, sin capital social, sin iniciativa individual, sin lenguas orgánicas, sin cohesión moral, sin el conocimiento del hierro, sin más animal de carga que la llama, sin la posesión del alfabeto y sin medios en su organización para alcanzar por sí sola esta noción elemental, la América era, fatalmente, lógicamente estéril, y estaba destinada a rotar en el círculo vicioso del corso e ricorso de Vico cayendo periódicamente en la barbarie, y degradándose cada día más y más con cada una de sus evoluciones de retroceso. (...) Pensar que con estos elementos y en este medio, pudo incubarse y espandirse, una ins­piración como la de Homero, una estética como la de los Indús, una doctrina como la de Jesús, un binomio como el de Newton, un método como el de Descartes, una armonía corno la de Beethoven, una mecánica celeste como la de Laplace, una invención como las de Fulton, Stepheuson y Edison, una teoría vital como la de Darwin, o un carácter de grandeza moral como el de Sócrates o el de Washing­ton, sería más que pedir peras al olmo: sería esperar que de los caracteres de imprenta puestos en manos de salvajes, y combinados por ellos por millares de millones de modos, pudiese nacer la Divina Comedia del Dante. (...) Por eso sin el principio de vida fecunda y de progreso perfectible, que le inoculó la sangre y el espíritu de la civilización europea, do­tándolo con sus armas de trabajo y de com­bate, el hombre americano habría vegetado como sus árboles, propagándose como sus es­pecies animales, sin asimilarse nuevas fuerzas reproductoras, y fatigando hasta las fuerzas espontáneas de la naturaleza misma; como el salvaje de Montesquieu, que derriba la palma con su hacha de piedra para coger su fruto. Tal es la filosofía histórica de las civilizaciones americanas, comprobada por las ruinas de sus monumentos.” MITRE, Bartolomé “Las civilizaciones americanas”, en RODRIGUEZ LARRETA, Eduarda (1901) Texto Nacional de Lectura, Buenos Aires, Cabaut, pp. 1-9.Seleccioné esta lectura para la ocasión porque su autor es Bartolomé Mitre, el libro se titula Texto Nacional de Lectura y fue aprobado por el Consejo Nacional de Educación, data de 1901, la lectura se denomina “Las civilizaciones americanas”, es una indiscutible evidencia de la metáfora biologicista y, finalmente, un ejemplo paradigmático del acto de poder en el que el discurso, seleccionado para su uso en la escuela, instituye la represión absoluta del otro. También finalmente, proporciona argumentos respecto de la necesidad de su desaparición para la mejora de la especie.La metáfora biologicista es uno de los componentes iniciales del discurso escolar estatal sobre los indígenas. Raúl B. Díaz, primer Inspector General de Escuelas de Territorios Nacionales dirá en 1908 que la sociedad está jerárquicamente estructurada y que negros e indios se encuentran en un estrato inferior de modo que es necesario elevarlos “hacia el nivel inferior del hombre blanco”. (ARTIEDA, T. L. y ROSSO, L. (2005) “Pedagogía para indígenas del Chaco a fines del siglo XIX y principios del XX. La asimilación ‘dulce’ por vía de la educación y el trabajo”. En ASCOLANI, A. (comp.) El sistema educativo en Argentina. Nuevas perspectivas históricas, Laborde editor, Rosario. En prensa.)Juan María Ramos Mejía fue presidente del Consejo Nacional de Educación entre 1908 y 1912. Su libro sobre “Las multitudes argentinas” editado por primera vez en 1910 da cuenta de su conocimiento y adhesión a la misma concepción, que utiliza para sustentar un análisis sociológico sobre “la plebe argentina”( RAMOS MEJÍA, J. M. (1977) Las multitudes argentinas, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, c1910, pp.27.). Recorriendo sus páginas, sumamente ilustrativas de su pensamiento sobre el papel de la educación para contribuir al mejoramiento de la ‘especie’ (entiéndase sobre sucesivas generaciones de escolares pobres hijos de los inmigrantes, o sus hipótesis descalificadoras de los ‘rasgos primitivos’ de la población ‘nativa’), podemos encontrar por ejemplo esta preocupación:“La fecundidad ... que llamó la atención de don Félix de Azara, puso un día en peligro a la naciente civilización argentina; como la fecundidad de los negros del centro de Africa, que en parte es compensada por el increíble consumo de vidas humanas que las expediciones sangrientas producen, pondrá en peligro la civilización europea cuando ella misma le imponga la vida pacífica y sus artes más sencillas. ¿Será cierto, ..., que de allí vendrán los bárbaros del porvenir, pero no los bárbaros de noble raza como los germanos, sino los destructores posibles de la civilización?” (ídem:157.)Tiempo después nos seguimos encontrando con esta concepción:“En octubre de 1926, consultado nuevamente el ... Inspector de la Sección 5ª (Territorio del Chaco) ..., opinaba que la solución del problema del indio, del niño indio, debe abandonarse para siempre por la escuela, confiándolo a la extinción de la raza más que a su redención desde que los métodos hasta ahora implantados, obrajes, fuerza y alcohol (sic) han fracasado para beneficiarlo.” Cit. en ALEMANDRI, P. G., Notas sobre enseñanza, Buenos Aires, Cabaut y Cía. Editores, 1934, pp. 81.Se confiará en este caso en la selección natural que deja en el camino a las especies más débiles. Nada más puede hacerse con ellas. Hay otros Inspectores que discutirán esta postura (en rigor de verdad qué hacer con el indígena era un tema de discusión desde décadas anteriores) y que sostendrán que la educación será el medio de redención, de regeneración, término empleado reiteradamente y que nos remite a la noción de generar de nuevo. Y ello resulta, es importante marcarlo, en otra forma de desaparición, en una expresión del genocidio pero llevado al plano de la anulación de la identidad étnica, de la desaparición sociopolítica y cultural tomando la expresión de Pedro Carimán (en el panel que nos precedió). Aquí serán los proyectos educativos (las primeras escuelas estatales para indígenas datan de 1922 para los Territorios de Chaco y Formosa) (ARTIEDA, T. y ROSSO, L. , op.cit.) los encargados de tal propósito.¿Cómo se trata la muerte de los indígenas? Presento una clasificación preliminar que deberá ser mejorada en trabajos posteriores:v En ciertas lecturas, la muerte no se menciona, ni la individual ni el exterminio masivo como en el caso de la Patagonia. Y de hecho que la campaña comandada por Roca se justifica, sintéticamente dicho, en la afirmación de que el indígena ‘es fuente de todo mal’ y ‘pertenece a un estadio primitivo de la evolución humana’. (La conquista del desierto. En PELLIZA, Mariano (1905) El argentino. Texto de lectura, Buenos Aires, Estrada.)v En otras, la muerte es la de los hombres (blancos, de los fortines, de los poblados). Los indios ... aúllan como lobos, se arrojan sobre las estancias, roban, saquean, matan (a los blancos, la inversa no se menciona). “El indio salvaje ya no existe” es la única mención, pero la extinción no amerita explicación. (Los fortines. En BLOMBERG, Héctor P. (1925) El sembrador. Libro de lectura para tercer grado, Buenos Aires, Estrada, 16 ed. Respecto de la ausencia de explicación por la desaparición ver también Los indios. En OUTON, Rogelio (1925) Nuestro libro. Texto de lectura para segundo grado, Buenos Aires, Kapelusz, 10 ed.)v En determinados casos, la muerte es de los indígenas (también de los blancos) pero hay un particular detenimiento en describir el ensañamiento con el cuerpo del indígena.“Con los aceros desnudosavanzan los castellanos.Corazones de león,matan y mueren matando;... en tantoque los indios naturalesse defienden como bravos,las gentes de Ruy de Rigloshacen de ellos estragos,hunden pechos a estocadas,cortan cabezas a tajos,desmembran brazos y piernas,matan y siguen matando.Corazones de leónvencen a los araucanos......................................y cuando torna triunfalla férrea tropa de hidalgos,en el horizonte azul,............................sobre el hierro de Castillabrilla el sol americano.”(“Lauro de conquistadores” de A. Pérez Valiente de Moctezuma, en ARENA, L. (1955) Senda fragosa. Lecturas para sexto grado, Buenos Aires, Editorial Estrada, pp. 53-55. La negrita es nuestra.)“De la segunda fundación de Buenos Aires... Garay, ..., esperó a los indios para darles batalla, a orillas de un río que desde entonces se llamó ‘de la Matanza’. Se produjo un encarnizado combate; ... de pronto, un valiente soldado, Juan Fernández Enciso ... mató al cacique Taboba. Los querandíes, al perder a su capitán huyeron despavoridos, siendo perseguidos y destrozados por los soldados de Garay.” (De la segunda fundación de Buenos Aires. Curiosa pesca. En FALCONE, N.A. y BENEDETTO, O. N. (1957?) Cardos en flor. Libro de lectura para tercer grado, Buenos Aires, Librería del Colegio, pp. 58-59, cf.59)El ensañamiento con el cuerpo no tiene ninguna adjetivación que no sea, en todo caso, de admiración hacia los españoles. La ausencia de expresiones que refieran al dolor de los indígenas y de valoraciones de otro tipo, son mecanismos que terminan obturando la posibilidad de imaginar e identificarse con el dolor del ‘otro’ y contribuyendo a naturalizar su muerte.La muerte de los blancos, aunque se mencione, no aparece acompañada de descripciones de esa índole. De este modo se expone abiertamente el poder que ejerce el blanco sobre el cuerpo del otro, se silencia sin embargo el ejercicio inverso del poder.¿Es muy osado interpretar la naturalización de la muerte del “otro” y la exhibición del ejercicio de poder sobre su cuerpo, en clave del racismo estatal al que se refiere Feierstein fundado en Michel Foucault? (Ante el desarrollo del biopoder, es decir, el poder del Estado de prolongar la vida, “de hacer vivir”, frente al poder de “hacer morir” propio de las formas anteriores de Estado, la justificación del homicidio ejercido por el Estado del siglo XX estará dada por la presencia de razas cuya desaparición permitirá vivir mejor a las especies superiores. Constituye la articulación del discurso científico, biológico, con el discurso del poder estatal. FOUCAULT, M. (1992) Genealogía del racismo. De la guerra de las razas al racismo de Estado. Madrid, La Piqueta.) ¿Es posible pensar que lecturas como las precedentes contribuyen a legitimar, a difundir la articulación del discurso científico con el discurso estatal que justifica el homicidio para la elevación de la especie? Advirtamos que las dos lecturas transcriptas corresponden respectivamente a libros editados en 1955 (segundo gobierno peronista), y 1957 (tiempo posterior a la “Revolución Libertadora”, del golpe militar que derrocó al peronismo). Es decir, fueron escritas en tiempos bastante alejados del período oligárquico-conservador, y en dos momentos políticos muy diferentes.Es interesante también mostrar una asociación reiterada que observamos entre la espada y la cruz, entre la crueldad de la conquista y el consuelo del evangelio en los relatos sobre los inicios de la conquista.“Relucen los cascos, las armas blancas, los arcabuces de los soldados y las cruces de los franciscanos.” (“Celebrando el cuarto aniversario”. MARINI, E. A. de (1957) Niño mío. Libro de lectura para tercer grado, Buenos Aires, Estrada.)“Mientras el conquistador iba abriendo picada, fundando ciudades y ganando tierras para el rey, que le permitía repartirlas, reservando para la Corona el oro que se hallase, el misionero, no menos heroico, llegaba sin más armas que el Evangelio y la cruz. Los misioneros suavizaron las durezas de la conquista y extendieron sobre el alma de los indios castigados el bálsamo del consuelo espiritual.” (FELCE, E. (1955) Mi patria y el mundo. Libro de lectura para sexto grado, Buenos Aires, Editorial Kapelusz, pp. 51.)Son dos estrategias diferentes y complementarias, necesarias una y otra para la conquista de las tierras, los cuerpos y las almas. La crueldad, la devastación y la muerte se asocian al evangelio en la dominación. Los conquistadores matan. Los misioneros imponen, dulcemente, la asimilación.Según una investigadora española, Julia Varela (1993)“Toda la historia de América durante el siglo XVI se caracteriza precisamente por una sustitución progresiva de los conquistadores y su violencia física por los confesores y su violencia predominantemente simbólica. ... De las armas a las letras, de la conquista a la pacificación, de las guerras a las misiones, tal es la ingente transformación que se produce en la colonización americana del siglo XVI. ... El magisterio de los eclesiásticos sustituía a la brutalidad desplegada a sangre y fuego por los conquistadores.” (VARELA, J. (1993) Modos de educación en la España de la contrarreforma, Madrid, Ediciones de La Piqueta, pp. 227-228.)De ese proceso dan cuenta, en versión escolarizada, lecturas como la mencionada.Es interesante comentar que también es posible encontrar en las lecturas la reproducción de la asociación evangelizadores y disciplinamiento por medio del trabajo. Los misioneros no sólo se ocupan de modelar al indígena por medio del evangelio sino de otra conversión vinculada con las necesidades y valores del capitalismo, trabajadores rurales (agricultura en parcelas delimitadas, o explotaciones económicas como el obraje), sedentarismo, propiedad privada, familia.Evangelio y trabajo, escuela y trabajo, reducciones estatales y trabajo, son articulaciones propias del período oligárquico-conservador, que se reproducen en distintos ámbitos discursivos. Y particularmente en la escuela. Lo que además es una constante es el lugar subalterno del indígena en relación con el trabajo. Lynch Arribálzaga, a cargo de la Reducción Estatal de Napalpí (1911), Chaco, dirá en su proyecto de escuela para la infancia indígena que“Atribuyo suma importancia a la instrucción pública..., que haga de él un obrero hábil y capaz por tanto, de ganarse el pan con facilidad e independencia ... Buenos obreros o cortesanos, no bachilleres, es lo que yo deseo...” (Lynch Arribálzaga, Enrique, Informe sobre la Reducción de Napalpí, Ministerio del Interior, Dirección General de Territorios Nacionales, Buenos Aires, Imprenta y encuadernación de la Policía, 1914, cf. pp. 50)Hay otras operaciones discursivas que contribuyen a alejar a los lectores del hecho de que se está narrando acerca de la muerte de seres humanos y es, precisamente, describir a los indígenas despojados de su condición de humanidad. Si logramos construir la noción de que ‘el otro no pertenece al género humano’ su muerte no será algo que afecte especialmente, que impacte la sensibilidad, que despierte solidaridades, compasión, indignación, identificaciones.No se visten, se tapan o andan desnudos. No saben hablar. No conocen el metal. No viven en casas, sino en hoyos. Quieren a sus familias. Son seres “separados de la humanidad” (La pampa conquistada. En FERREIRA, Andrés, op. cit., pp. 190.). Duermen con animales. Aúllan como los lobos, braman como los pumas, aletean como los pájaros, usan penacho como el cardenal, son feroces como las fieras, tan molestos como los mosquitos. Son como animales. Son animales. (Trabajos anteriores dan cuenta de libros de lectura con esas descripciones. Entre otros: ARTIEDA, T. (2004) “ARTIEDA, T. L. “El Otro más ‘Otro’ o los indígenas americanos en los textos escolares. Una propuesta de análisis”, en: Jean-Louis GUEREÑA, Gabriela OSSENBACH y Mª del Mar del POZO (dirs.): Manuales escolares en España, Portugal y América Latina (siglos XIX y XX), Madrid, UNED, pp. 485-501.)“El indioVeníano se sabe de dónde.Usaba vincha como el benteveoy penachos como el cardenal.......Esbelto, musculoso;entre el rojo y el cobre estaba su color.Una señal de guerra le hacía punta a su instinto;entonces, por sus venas,en vez de correr sangre, corría sol.No sabía reír, no sabía llorar,bramaba en las peleas, como los pumas;y moría sin ruido,con un temblor de plumas,como mueren los pájaros.F. Silvia Valdés (Uruguayo)” (GAY, H. L. R. de (1986) A jugar con las palabras. 4, Buenos Aires, Magisterio del Río de la Plata, 3era. edición, pp. 47.)El indígena desaparece de la escena confundido con el paisaje, casi convertido en ave. La escena es de guerra y la violencia, no dicha, se diluye en el poema.‘El otro es fuente de todo mal’. Esta versión también colabora en justificar la muerte. “Los matacos ... son de estatura baja, retacones, de cara tártara, nariz chata, ojos largos, taimados, cobardes, haraganes, de entendimiento obtuso, ladrones por instinto y vengativos. Todos los trabajos agobian a las mujeres, que son verdaderas esclavas.” (“El Chaco”. En FERREIRA, Andrés (1920) Aventuras de un niño. Libro segundo, Buenos Aires, Estrada, 21ª edición, pp. 171-172, cf. 171.)"Era el indio un enemigo engañador: solía quedarse quieto, desaparecía por temporadas en el fondo de la pampa; entonces algún elegante porteño colgaba el frac y con el coraje de los treinta años salía a poblar hasta en los extremos de su provincia. Y cruzaban tranquilas el desierto las caravanas de los blancos ... Pero se producía la invasión y el salvaje arrasaba con todo; él llevaba el ataque, mantenía la iniciativa en la lucha y marcaba límites al progreso substrayendo a su influjo miles de leguas de territorio." ("El indio del desierto" de D. Schóo Lastra. En nota a pie de página, una breve biografía nos informa que el autor de la lectura fue secretario privado del general Julio A. Roca. En AZLOR, C. I. y CONDE MONTERO, M. (1949, 1ª.ed. 1942) Atalaya. Libro de lectura para sexto grado, Buenos Aires, Editorial Kapelusz, 5ª reimp., pp. 154-155.)Sin embargo,"No todos los indios de América eran sal­vajes. No todos iban desnudos o adornados con plumas. Había tribus pacíficas que cultivaban el suelo y hacían trabajos de alfarería.En ciertos puntos de América había na­ciones de indios muy adelantados. En vez de caciques guerreros y malos, tenían reyes que gobernaban con amor e inteligencia. Esos indios construían palacios de piedra y fabricaban vasos y herramientas. Las mu­jeres hilaban y tejían telas de colores vivos. Ahora mismo los indios de muchas regio­nes hacen tejidos que son una maravilla. Los indios que quedan ahora son mansos y buenos." (ARENA, L. (1949) Rama Florida. Primer libro de lectura corriente, Buenos Aires, Angel Estrada y Cía editores, 31ª edición, pp.72-73.)Las ediciones recientesQuisiera tratar brevemente lo que está ocurriendo con estos discursos desde 1980 hasta hoy. Nos parece importante decirlo porque es “hoy”. Pero también porque se trata de un contexto en el que la diversidad sociocultural, la alteridad y las diferencias son ‘tema de agenda’ de muchos ámbitos; porque los movimientos indígenas (y la exposición de Pedro Carimán así como la de wichies y kollas aquí presentes son evidencias indiscutibles) reafirman visiblemente su adscripción étnica; y los discursos (escolares y otros) se reacomodan con ropajes nuevos que tratan de ocultar significados viejos o, por el contrario, producen rupturas que introducen otros significados.En fin, que este es un tiempo en el que están dadas las condiciones de visibilidad de los conflictos interétnicos en distintos ámbitos, también en el escolar en el que definir significados era privilegio casi monolítico del mundo ‘blanco’.Las continuidades desnudasHemos podido ubicar un grupo de libros que agrupamos en ‘la metáfora de lo arcaico’. En sus lecturas los indígenas son elementos de un pasado remoto al que, en todo caso, evocaremos como quien busca recuerdos en el baúl familiar (en el baúl de la familia argentina), le sacudimos el polvo que lógicamente tiene y lo observamos, estudiamos, quizás hasta admiramos. Lo ponemos en una repisa, o lo volvemos a guardar. Y esto aún cuando ‘descubramos’ que todavía´ viven:“Los indiosLas coplas que enviara Miguel pusieron en movimiento a los chicos del campamento. Llevaron copias a cada grado, convencieron a los maestros para que se las enseñaran, y levantaron un verdadero alboroto con sus preguntas.¿Por qué hablaba así el vendedor de cacharros? ¿Vivían indios en su provincia? ¿Qué nombre llevaban? ¿Quién los había civilizado? ¿Quién había fundado las nuevas ciudades?Y, poco a poco, una gran curiosidad invadió a los movedizos estudiantes, quienes decidieron sacudir el polvo del olvido e invitar a sus aulas a ese extraño y misterioso personaje: el indio.”(GAY, H. L. R. de (1986) A jugar con las palabras. 4, Buenos Aires, Magisterio del Río de la Plata, 3era. Edición, pp. 35.)“Aún hay tobasDe todas las noticias que llegaron sobre los indios, las que más excitación produjeron fueron las que envió Lucía, porque Lucía... ¡había visto indios!” (Idem, pp. 43.)Se reiteran lecturas con representaciones de los indígenas como animales o como extensión del paisaje natural. Los indígenas son descriptos como ingenuos, ignorantes, malvados o agresivos.Por ejemplo, como resultado de una visita imaginaria de alumnos y maestro a una comunidad de cainguás de la provincia de Misiones, el grupo observó que“no son nada hospitalarios; ..., son ariscos y no tienen interés en acercarse a los blancos. Nadie se les acercó ni les sonrió.”Cainguás, puros cainguás –explicó el cacique-; no compramos nada de lo que fabrica el blanco. ... ¡La selva aún es rica, muy rica!..., un grupo de hombres tocaba arpas y guitarras, mientras las mujeres ejecutaban flauta. -¡Hay fiesta esta noche! –anunció el cacique-. Los blancos no están invitados.Los niños se miraron, cohibidos y molestos; pero pronto su atención fue atraída por un grupo de indios que acarreaba un yaguareté muerto. -¡Bien! ¡Ya tenemos cena! Comemos carne salvaje porque la de vaca no da fuerza ... Y no matamos a estos animales. Sólo ponemos trampas... ¡Lo demás es cosa del destino!” ( Idem, pp. 45 y 46.)Como interpretación de la tarea evangelizadora, se mantiene la idea de que fueron modelados en los deseables, necesarios, valores occidentales de los que carecían. Cito fragmentos de dos textos:“¿De veras guarda aquí una casa querandí? Bueno... casa...casa...¡es una manera de decir! Lo que verán es un toldo, única vivienda que ellos conocieron.”“Encontraron a esas excéntricas familias en el exterior de sus viviendas; ya que, prácticamente, sólo las usan para dormir.” Idem, pp. 40 y 43. “Una vez, Co-embiyú entró al toldo de su padre (el cacique) y lo halló serio y pensativo. Se interesó por el motivo que preocupaba al cacique, y entonces oyó, sobresaltada, la respuesta: -Los extranjeros llegados a tierras vecinas han traído adelanto y bienestar a nuestros hermanos, les enseñan a cambiar su vida. Yo desearía lo mismo para mi pueblo... Finalmente, llegaron los jesuitas, dispuestos a civilizar a los indígenas de la tribu del cacique Mondori, quien se alegró con la esperanza de que su deseo se cumpliría, y les ofreció su colaboración y la de sus súbditos. ... Pronto fueron construidos en la aldea una iglesia, un cementerio, la casa de los jesuitas, talleres, graneros y una escuela. Los toldos se reemplazaron por chozas ubicadas en tierras divididas en lotes. Cada familia debía cuidar y cultivar la suya. También los misioneros enseñaron a los aborígenes a cortar la madera de los bosques y emplearla en las construcciones, a criar ganado y a cultivar azúcar. Comenzaron a realizarse, además, procesiones, danzas, juegos y entretenimientos para atraer a los habitantes indígenas hacia la misión y religión cristianas.” (MÉREGA, H. (dir.) (1999) Lengua 6 EGB, Buenos Aires, Ediciones Santillana, pp. 243, 244.)También aparece la ecuación indio-menor, reiteración del estatuto de minoridad, herencia de la ilustración europea que los incapacitaba legalmente para disponer de sus propiedades y los colocaba bajo la tutela del estado nacional. (DURÁN, C. J. (1983) Cuentos del Carancho, Buenos Aires, Kapelusz, pp. 10-11.)“(Los “patagones”) Tratan bien al que se les acerca, pero no hay que hacerles esperar lo que se les promete... son impacientes como niños.” (Idem, pp. 71.)Las continuidades con ropajes nuevosEs interesante llamar la atención sobre este tipo de discurso, difícil de aprehender sin mirada atenta. Son discursos, siguiendo a Duzchastsky y Skliar (2001) de las ‘leves pluralidades’, que no cuestionan la hegemonía de la normalidad, que ubican a los indígenas en una suerte de continuum indiferenciado entre niños ingleses, franceses, alemanes, kollas y niños especiales. Libros donde este agrupamiento, en alegre montón, aparece en el capítulo ‘Curiosidades’. (BOGOMOLNY, M. I. Y CRISTÓFORIS, M. DE (1994) El trébol azul 3. Leer y conocer, Buenos Aires, Aique.) Discursos que ocultan, o diluyen, los conflictos originarios y las diferencias concretas.“Durante muchos años los indios dominaron casi todo el sur del país. Pero poco a poco fueron perdiendo sus tierras, poco a poco fueron combatidos cruelmente por los conquistadores. En respuesta, organizaban ataques a los pueblos más alejados e indefensos, se llevaban prisioneros mujeres y chicos y robaban todo lo que encontraban: eran los llamados malones, también crueles, también terribles.” (ARIAS, A. y FORERO, M. T. (1993) El trébol azul 4. Leer y conocer, Buenos Aires, Aique, pp. 41.)Hay simetría entre los ataques de los conquistadores y los ataques de los indios. La crueldad de los primeros tiene como respuesta la ‘misma’ crueldad de los segundos.Ese es uno de los rasgos de este género de lecturas: la supuesta equivalencia de posiciones del tipo de “violencia hubo de los dos lados”. ¿La teoría de los dos demonios en versión escolar?Podemos señalar otros elementos de esa lectura que entendemos como evidencia del ‘efecto residual’ de los discursos fundacionales: el énfasis en describir la crueldad de los indígenas (no así la de los blancos que sólo se menciona), el silencio en calificar la ocupación de los territorios indígenas y la simultánea calificación de robo de los indígenas a ‘todo lo que era propiedad de los blancos’.Las rupturasDejemos hablar a las lecturas:“Un poco de historia Los indígenas de la Pampa y del norte de la Patagonia habían ido cambiando sus costumbres. Converti­dos en famosos jinetes, se ganaban la vida cada vez más con el ganado sal­vaje y el ganado que criaban. Comían su carne, usaban los cueros vacunos para fabricar toldos, botas y cintos, y las ovejas para obtener lana. Pero so­bre todo el ganado les servía para co­merciar y así tener cosas que se les hi­cieron indispensables: yerba, tabaco, azúcar, aguardiente, herramientas, ar­mas, ropa...Conflictos Pero el ganado también traía pro­blemas: por los rebaños salvajes solían pelearse indígenas y criollos, y cuando había guerra los aborígenes lanzaban sus malones o ataques sobre estan­cias y pueblos, llevándose vacas, ca­ballos y prisioneros, mientras que los criollos caían sobre las tolderías y ha­cían lo mismo.Este tira y afloja duró bastante, hasta que creció tanto el negocio de los cereales y la cría de ovejas y vacas finas, para exportar a Europa, que muchos quisieron las tierras de las tri­bus, miles de hectáreas buenas para el ganado y la agricultura.Fusiles modernos y mapas En 1878 el general Julio Argentino Roca, ministro de Guerra, armó una expedición muy bien pensada, con plata que aportaron el gobierno y la Sociedad Rural, que agrupa a propie­tarios de grandes estancias. Roca tuvo éxito y eso lo llevó en seguida a la presidencia de la Nación. Las tierras ganadas a las tribus se repartieron, pero no a colonos y chacareros, como se había dicho; una parte importante quedó para grandes terratenientes. La mayoría de los indígenas fueron confinados en reservas (generalmente en tierras pobres) o repartidos para servir en casas de familias ricas o en campos.” (PALERMO, M. A. y CALIFA, O. (1994) El trébol azul 7, Buenos Aires, Aique, 2ª ed., pp. 25-26.)En otro libro encontramos la palabra de Gerónima:“GerónimaEn Trapalco nací. Mi papá también vivía allí. Le falleció la mujer. El también. Nosotros nos quedamos allí, en ese puesto, donde estamos nosotros. Nacidos y criados. Se llamaba Domingo Sande. Mi mamá se llamaba Ignacia Changomil. También nació allí. Tengo un hermano mayor nacido de ahí. Eduardo Sande.-¿Cómo cuántos años tendrá usted? -¡Quién sabe cuánto me pueden decir! No tengo la enrolamiento, (Documento Nacional de Identidad, anteriormente Libreta de Enrolamiento.) me la llevó el oficial de El Cuy. Se lo llevó todo. Los papelitos de los chicos también.¿Cómo llegó desde Trapalco? Podría decirse que no llegó: la llegaron. Una patrulla policial ... acertó a pasar por su playa, la cargó y la trajo con sus hijos. Así fue como entró al hospital sin estar enferma: simplemente por ser Gerónima, vivir en Trapalco, en una cueva, calentarse en invierno con fuego y piedras calientes, ‘hablar la lengua’ y portar en su presente ese pasado sólo registrado en el olvido. Lo no asimilable a nuestros valores no existe o no debe existir.... Zona de Jerónima y de sus hijos. ... Tierra donde alguna que otra noche se agrandan los campos corriendo las alambradas. Menos para Jerónima o Eliseo, que a fuerza de esos misterios catastrales nocturnos han ido cayéndose cada vez más de ‘la mapa’, como ellos suelen decir.Hasta hace menos de cien años los campos eran fijos, las alambradas se quedaban quietas, y la gente paisana le daba su nombre a la tierra, así como ésta los nombraba, en una especie de bautismo mutuo. Luego, al correr el tiempo y los alambres, Gerónima, Eliseo, fueron perdiendo su nombre y su acta bautismal. Se fueron desconociendo cada día más, hasta no saber casi quién es cada uno y el otro...”.( PUCCI, J. M. (1993) Mensajero 7. Libro de lectura para séptimo grado, Buenos Aires, Kapelusz, pp. 44.)Entendemos que libros de este tipo constituyen en cierto modo rupturas porque:v Hacen visible las diferencias.v Explicitan los conflictos.v Cuestionan la metáfora de lo arcaico.v Reactivan la memoria de los actos originarios de poder.v Convocan a los lectores blancos a comprender que los indígenas eran y son como los mismos lectores: son como nosotros y, al mismo tiempo, son otros.v Sacan a la luz (como diría Clifford Geertz) las grietas y los contornos de las relaciones interétnicas. (GEERTZ, C. (1996) Los usos de la diversidad. Barcelona, Paidós.)v Dan a conocer el ‘sentido amargo’, ‘el terrible camino’ que ellos/que nosotros han/hemos recorrido y que han sido “el etnocentrismo y los crímenes que legitima” (otra vez Geertz) lo que nos han hecho tan terrible ese camino.Encuentros como éste también convocan a rupturas. Pedro Carimán nos devuelve que: “Estamos hablando de reconocer los derechos políticos de los grupos humanos. Derechos fundamentales. No estamos hablando simplemente de conservar la lengua, los bailes, la música....”. “Aquí hay muchas vidas, aquí hay muchos mundos y hay que respetarlos”, nos dice el compañero wichi. Y con agudeza, el compañero kolla nos advierte: “Ustedes son los nuevos indígenas de esta tierra”.Así es: ni objetos de museo, ni folklore bonito para preservar; y esta historia no es ‘lo que le ocurrió a los otros’. Es lo que nos ocurrió a todos, y lo que nos sigue ocurriendo. Y tanto, tanto tiempo y tanta gente nos falta todavía para sumarnos y para darnos cuenta.

El Genocida Julio Argentino Roca. Asunción Ontiveros Yulquila

Saturday, Jul. 09, 2005 at 1:05 AMyulquila49@yahoo.com.ar (0388) 425 - 3433 Av. Remedios Escalada N° 425; B° 25 de Myo; (4612) Palpala; Jujuy; Argentina¡¡¡FELICITACIONES!!! Excelente que la Legislatura de la ciudad Autónoma auspicie jornadas sobre la historia no oficial.RECUERDOS:En 1978, la selección de fútbol había obtenido el primer título de campeón del mundo. El "gordo" Muñoz de Radio "Rivadavia" se había vinculado a la celebración de los "100 años" de "la conquista del desierto". Cuando transmitía un partido entraba en contacto con la fragata donde navegaba un descendiente de Cristóbal Colón rumbo a la Argentina. Para el "gordo", Colón y Roca era "grandes civilizadores". El capitán Colón del fines del siglo XX, había sido invitado por el gobierno militar de la provincia de Salta, para que participe en un desfile militar en homenaje a la "conquista del desierto". Los soldados salteños que participaron en el desfile lo hicieron disfrazados de "soldados españoles" del periodo del siglo XVI.A principios de 1978, los militares genocidas rindieron un homenaje a la "conquista del desierto" en el edificio del viejo Congreso de la Nación. Allí, alguien mencionó el préstamo de la banca británica Broders, y que el mismo lo había terminado de pagar el primer gobierno de Perón. Hubo un silencio abrumador; el protocolo dio por terminada la conferencia. También recuerdo que la revista "Todo es Historia" había convocado un concurso de ensayos sobre la "Conquista del Desierto"; todos los trabajos publicados describen maravillas sobre el acontecimiento. Los salesianos aparecen en la historia de la "conquista" como "redentores del paraíso" porque "cristianizaban" a los hijos de los muertos de la campaña genocida.La mentalidad de los "civilizadores" no había cambiado mucho en los 100 años. Recuerdo que en la ciudad de Palpala, Jujuy, el régimen genocida de Jorge Videla inaugura una escuela secundaria; le pusieron el nombre de "Conquista del Desierto"; continúa con ese nombre. Posteriormente, ya en el periodo democrático, en el gobierno del doctor Ricardo Raúl Alfonsín, cuando se emiten los billetes del "plan austral", rinde un homenaje al genocida Julio Argentino Roca. No lo podía creer; decía ¿cómo es posible que un defensor de los Derechos Humanos rinda homenaje a través de los billetes (australes) al genocida Roca?En el régimen "dorado" de la corruptela del doctor Carlos Saúl Menem, se emitieron los "pesos argentinos convertibles" con la imagen del genocida Julio Argentino Roca. Domingo Cavallo, cuando trataba de explicar la "convertibilidad" se dirigía hacia la "generación del ochenta", hacia Roca, hacia la aniquilación de los mapuches y otros pueblos, y la "entrega" de la "tierra ganada" a los "inversores" extranjeros; sus reflexiones los representaban en la praxis destruyendo las empresas nacionales y entregándolas a los "inversores".También recuerdo que durante la dictadura del genocida Jorge Videla, en el diario "Clarín" se publicitaba un aviso convocando a los "inversores" extranjeros a comprar tierras en el impenetrable chaqueño; el aviso a página llena exponía la imagen de un soldado español con armaduras del siglo XVI.Hasta pronto.Asunción Ontiveros Yulquila, periodista kolla e investigador del mundo andino, Jujuy, Argentina.

Juana Azurduy y la Revolución continental. Una historia silenciada. Alberto J. Lapolla

Juana de América. La Guerrillera de la LibertadFrancisco de Miranda murió en las mazmorras de Fernando VII en Cádiz. Mariano Moreno fue envenenado por el capitán de un barco británico y su cadáver arrojado al mar, anticipando un destino recurrente para los revolucionarios argentinos. Manuel Belgrano murió en la pobreza en 1820, cuando aún la América necesitaba de sus inigualables servicios. Todavía no se habían cumplido ocho años de que hubiera salvado a la Revolución continental en Tucumán. Bolívar murió solo perseguido por facciones oligárquicas que combatían su proyecto de unidad continental, expresando con amargura ‘he sembrado en el viento y arado en el mar.’ Bernardo O’Higginns fue desterrado y perseguido luego de luchar toda su vida por la libertad americana. Monteagudo fue apuñalado en una oscura calle de Lima. Dorrego fue fusilado sin juicio alguno -por instigación de Rivadavia- por su antiguo compañero de mil batallas, ‘el sable sin cabeza’, el genocida Juan Galo de Lavalle. Juan J. Castelli el ‘orador supremo de la Revolución’, quien destruyera los argumentos realistas en mayo de 1810, el jefe del ejército libertador americano que más cerca estuvo de llegar a Lima y destruir de un golpe el poder imperial español, antes de la llegada de San Martín, murió con su lengua cortada, preso y perseguido. Apenas dos días antes San Martín, Alvear y su discípulo Monteagudo acababan de desalojar al gobierno contrarrevolucionario de Rivadavia y el Primer Triunvirato, retomando la senda de Moreno y la Revolución. En este marco de ingratitud caída sobre nuestros revolucionarios, aquellos que nos dieron la libertad y produjeron la más grande de las revoluciones del mundo occidental del siglo XIX, no es de extrañar que Juana Azurduy, la mayor guerrera de América, ‘Juana de América’ -en un continente que hizo de la resistencia su identidad-, terminara sus días como una mendiga miserable en la calles de Chuquisaca habitando un rancho de paja.Juana Azurduy y su esposo el prócer americano Manuel Ascencio Padilla, son los máximos héroes de la libertad del Alto Perú y por ende de nuestra libertad como americanos y como provincia argentina de la gran nación americana. Sólo la ignominia que aun campea sobre nuestra historia y sobre sus mejores hijos, hace que la República de Bolivia -escindida de la gran nación rioplatense, por el elitismo sin par de los ejércitos porteños que desfilaron, saquearon, defeccionaron y abandonaron el Alto Perú, a excepción del general Belgrano y por las apetencias oligárquicas- no considere a Juana y a su esposo el Coronel Padilla, como sus máximos héroes, y sí rinda honores al mariscal Santa Cruz uno de los generales realistas que reprimió la Revolución de La paz de 1809, y que se pasó a las filas patriotas al final de la guerra de la Independencia. Fue el propio Bolívar quien al visitar a Doña Juana -ya destruida por las muertes de los suyos, el olvido de sus conciudadanos y el saqueo de sus bienes- le expresara ante la sorpresa de sus compatriotas, que Bolivia no debía llevar su nombre sino el de Padilla, su mayor jefe revolucionario. Pero los adulones destruyen las revoluciones.El Alto Perú tierra indiaJuana Azurduy -junto a su esposo- simbolizan lo mejor de la revolución americana, lo popular y lo indio de nuestra gesta emancipadora. Combatieron por la libertad del Alto Perú -por entonces parte del Virreinato del Río de la Plata primero y de las Provincias Unidas después- desde la revolución de Chuquisaca y la Paz en 1809 -que fueran ahogadas en sangre desde Lima y Buenos Aires. Y en particular guerrrearon sin descanso y sin cuartel desde el grito de libertad del 25 de mayo de 1810. Ellos y los 105 caudillos indios y gauchos como Vicente Camargo, el Cacique Buscay, el Coronel Warnes, el padre Muñecas, Francisco Uriondo, Angulo, Zelaya, el Marqués de Tojo, el Marqués de Yavi, José Miguel Lanza, Esquivel, Méndez, Jacinto Cueto, el indio Lira, Mendieta, Fuente Zerna, Mateo Ramírez y Avilés entre muchos otros, junto a Güemes en Salta, fueron quienes impidieron que luego de las sucesivas derrotas de los ejércitos porteños al Norte, los realistas pudieran avanzar sobre Buenos Aires y destruyeran la revolución. Juana y Padilla eran oriundos de Chuquisaca -también llamada La Plata o Charcas- sede de la universidad. Allí estudiaron -y conspiraron- Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo. Castelli, ya jefe del ejército del Norte, se hospedó en la casa de Padilla en su marcha hacia La Paz. Moreno era abogado defensor de indios pobres y perseguidos en el estudio del Doctor Gascón en Chuquisaca. Allí contactó con el movimiento revolucionario. Juana nació en 1780, el año en que Túpac Amaru lanzó su revolución indígena que casi liquida al poder español. Sería el mismo favorito -de la reina- Godoy quien señalara que la rebelión de Túpac estuvo a punto de quitarle a España los virreinatos del Perú y del Plata. Esa rebelión ahogada en la sangre de los cien mil indios ajusticiados por la represión genocida española y en los gritos del suplicio del gran Túpac, su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y sus hijos, abrió el camino de la libertad pese a su derrota.El ejemplo del Inca Condorcanqui no podía sino conmover hasta los tuétanos el corazón de la América del Sur, del cual el Ato Perú y el Perú eran su núcleo principal de población original, con culturas profundas y altivas. Nada sería igual después de la rebelión de Túpac: ni el dominio español ni la resistencia americana. La generación posterior a su derrota, sabría vengar su suplicio y expulsaría a los criminales españoles por mucho tiempo -por lo menos hasta la llegada del Traidor Carlos Saúl I, ya al final del siglo XX. Es así que el sol de nuestra bandera es el glorioso sol de los incas y de Túpac Amaru.La Revolución continentalJuana Azurduy es la máxima heroína de la Independencia Americana y su vida un verdadero ejemplo de la entrega a la revolución y a la lucha por la libertad de sus semejantes. El Alto Perú era el corazón del sistema colonial español y del genocidio indígena. Allí los indios enviados al socavón del Potosí eran despedidos para nunca más volver. Morían a los veinte años de edad con los pulmones perforados, a los dos años de llegar a la bocamina. Allí todas las injusticias eran realizadas en nombre del rey de España. Los azotes -las arrobas- eran el trato habitual para el indio. Juana, una hermosa mujer de familia criolla, habría podido tener una vida acomodada de mujer casada. En lugar de ello prefirió el combate sin cuartel por la libertad. En esa lucha perdió de la manera más cruel a sus cuatro hijos pequeños, destruidos por el hambre, las penurias y el paludismo. Vio la cabeza de su esposo -el héroe Padilla- clavada en una pica carcomida por los gusanos. Vio a los ejércitos elitistas porteños, subir hasta la garganta del Desaguadero y ser destruidos uno tras otro por las tropas del Virrey del Perú. Arrogantes al extremo de impedir que las fuerzas guerrilleras -mejor capacitados que ellos para el Alto Perú- combatieran como parte del ejército regular. Cada vez más deteriorados, centralistas, autoritarios y cada vez más odiosos contra lo indígena. El extremo fue el ejército corrupto, de Rondeau y Martín Rodríguez, que en el colmo de su impericia hizo volver al General Arenales que oficaiba -por orden de San Martín- como comandante de las montoneras, dejándolas sin estrategia de conjunto. Martín Rodríguez por su parte, hizo su aprendizaje de saqueo y enriquecimiento ilícito en el Alto Perú, para luego continuarlo en la ‘feliz experiencia’ de la restauración rivadaviana posterior a 1820. Primero fue Castelli, que en su ejemplar afán revolucionario no estuvo exento de un jacobinismo a veces desmesurado, en particular por las actitudes iconoclastas del joven Monteagudo. Belgrano intentó reparar luego, los excesos de su primo Castelli. Él ayudó y premió a Juana y al coronel Padilla. Fue sin duda la mejor de las expediciones, pero tenía por meta un imposible como era llegar a Lima por allí, cuestión que Don Manuel ya sabía. Sólo aceptó continuar por las presiones de Buenos Aires. Luego, la lamentable experiencia de Rondeau. Por último el intento también fallido de Lamadrid, enviado por Belgrano para auxiliar la feroz represión de que eran objeto los ejércitos montoneros de los caudillos altoperuanos luego de Sipe Sipe.La Guerra gaucha montoneraLuego de Vilcapugio y Ayohuma, pero en particular a posteriori del desastre de Sipe Sipe en 1815, la situación del Alto Perú se tornó terrible. El poder español impuso un terror desenfrenado como política de ‘pacificación’ de la revolución altoperuana. Decenas de miles de paisanos fueron pasados por las armas o murieron en combate. Las torturas más atroces y los escarmientos más crueles fueron aplicados a los guerrilleros mayoritariamente indios de lo que hoy es Bolivia. 105 caudillos altoperuanos libraron la Guerra Gaucha. ‘La Guerra de las Republiquetas’ la llamó Mitre en su historia oficial, para no usar la palabra montonera, pues su gobierno había sido enfrentado por la montonera federal -y que él pasó a degüello de la misma manera que los españoles- de todo el país. Fue la mayor guerra de guerrillas del continente americano entre 1810 y 1825. De los 105 jefes sólo sobrevivirían nueve, al final de la guerra. La mayoría moriría en combate o sería bárbaramente ajusticiada por el terror de Abascal y Pezuela. Sus cabezas serían clavadas en picas en las plazas de los pueblos para escarmiento popular. La guerra de partidarios -partisanos- montoneros o de recursos, la guerrilla del Alto Perú y la de Güemes en Salta, fueron organizadas por el General San Martín veterano de la guerra de guerrillas en España contra Napoleón. Pocos saben que esta guerra sería el ejemplo que tomarían los patriotas italianos, franceses, yugoeslavos, rusos, bielorrusos, ucranianos y griegos para luchar contra la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Hasta allí llegaría el rumor potente y victorioso de Juana de América y sus compañeros, pese a que entre nosostros DoñaJuana sea sólo una canción.La historia oficial argentina prefirió olvidar a los gloriosos revolucionarios del Alto Perú, por dos razones. Primero porque debido a las infamias cometidas por los ejércitos porteños, lograda su independencia en 1825 -y tal cual dejó entrever Ascencio Padilla en la carta que envió al fugitivo Rondeau- el Alto Perú decidió independizarse no sólo de España, sino también de Buenos Aires. Pasaría a llamarse Bolívar primero y Bolivia después, pese a la oposición del Libertador que comprendía que así ambas naciones perdían, pero el Alto Perú perdía más. La medida a su vez profundizaba la balcanización de la América unida que Gran Bretaña piloteaba a toda máquina apoyada en los Rivadavia y García de cada ciudad-puerto del continente. La segunda razón del olvido altoperuano en la historia argentina, obedece a razones más abyectas. La guerra del alto Perú es esencialmente una guerra de indios, de caudillos, de gauchos, de los patriotas de a caballo, del pueblo puro de América. Ese mismo pueblo que las tropas porteñas destruirían una y otra vez en la Banda Oriental, en el litoral o en el interior y finalmente en el Paraguay. Además eran guerrilleros, caudillos militares y habían ganado su grados -Manuel Ascencio Padilla fue designado Coronel del ejército del Norte cuando su cabeza estaba ya clavada en una pica. Juana Azurduy fue nombrada Teniente Coronel del ejército argentino a pedido de Manuel Belgrano- en el combate. Reivindicar su memoria para la historia oficial es nombrar lo innombrable. Lo gaucho. La ‘barbarie’ de Sarmiento, la lucha de los pobres. Reconocer que los indios, los gauchos, los negros, los esclavos, los mestizos no eran inferiores sino que por el contrario, lucharon con mayor tenacidad y desprendimiento que la clase culta porteña por la libertad. Reconocerlo es negar el papel rector de Buenos Aires en el destino americano que inventó el partido unitario -y luego mitrista- y tanto daño hizo a la causa americana. Mejor es olvidar. ‘- No sólo son bolivianos -‘bolitas’- además son indios, negros, matacos -monos’.Era verdad como demostraría San Martín que por el Alto Perú no se podía llegar a Lima, pero Buenos Aires con la historia oficial oculta algo más grave que explica el suplicio de la población altoperuana, jujeña y salteña entregada a la represión genocida española. Buenos Aires pudo haber liberado un gran ejército que tuvo combatiendo largo tiempo en la Banda Oriental para auxilio de los pueblos del Norte. Sólo debía reconocer -tal cual lo planteó Moreno en su Plan Revolucionario- que Artigas debía comandar la guerra por la liberación de la Banda Oriental, con sus gauchos y su pueblo, del cual era el jefe natural. Pero eso era inadmisible para la elitista y exclusionista clase mercantil porteña. En lugar de eso prefirieron entregar la Banda Oriental, primero a Portugal -se lo propusieron en secreto Alvear, Alvárez Thomas y Pueyrredón- y luego aceptaron su ‘independencia’ colonial británica, que lograba así crear otro estado en la boca del Plata, impidiendo que la Argentina tuviera el exclusivo control de los Ríos de la Cuenca. Esa y no otra fue la causa de todas las guerras contra Rosas, Caseros incluida. Cualquier cosa antes de aceptar que los gauchos se manden a sí mismos o peor aun que ‘nos manden’. Con sólo enviar esas tropas al Alto Perú y estacionarlas en Potosí -como señalaron Belgrano y San Martín- mientras se preparaba el cruce de los Andes, el pueblo boliviano habría sido salvado de sufrir lo indecible.Juana Azurduy es la Revolución, es el pueblo en armas, son las mujeres del pueblo en armas, que pelean junto a los hombres, igual o mejor que ellos, que los mandan. Mujeres y hombres que destruyen ejércitos completos, superiores en número y armamento. Armados con hondas, macanas, lanzas, boleadoras, a fuerza de coraje y fiereza. Coraje y fiereza que dan la decisión de luchar hasta el fin por la libertad, por la justicia contra la opresión y el sometimiento de los semejantes. Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana bajó a Salta y combatió junto a Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente. Luego del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión. En 1825 solicitó auxilio económico al gobierno argentino para retornar a Chuiquisaca. La respuesta del gobierno salteño resultó indignante, apenas le otorgó ‘50 pesos y cuatro mulas’ para llegar a la ‘nueva nación de Bolivia’. Doña Juana murió a los 82 años en la mayor pobreza. ‘Juana avanzaba casi en línea recta, rodeada por sus feroces amazonas descargando su sable a diestra y siniestra, matando e hiriendo. Cuando llegó a donde quería llegar, junto al abanderado de las fuerzas enemigas, sudorosa y sangrante, lo atravesó con un vigoroso envión de su sable, lo derribó de su caballo y estirándose hacia el suelo aferrada del pomo de su montura conquistó la enseña del reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz.’1) Por esta acción en la batalla del Villar, en 1816, Juana Azurduy fue ascendida por Belgrano al grado de Teniente Coronel del Ejército de las Provincias Unidas.(1) O’ Donnell Pacho. Juana Azurduy. Planeta. 1998Artículo publicado por la Revista Lilith de Marzo de 2005. Buenos Aires